La historia reciente del patinaje artístico femenino tiene un nombre propio: Alysa Liu. A sus 20 años, la estadounidense selló una de las trayectorias más singulares del deporte al conquistar el oro en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026, después de haberse retirado de la alta competencia cuando aún era adolescente.
En la final olímpica, Liu presentó un programa libre de alta complejidad técnica que incluyó dos triples axels y un cuádruple Lutz, una combinación sin precedentes en una definición olímpica femenina. Con esa actuación no solo aseguró el primer lugar del podio, sino que también se convirtió en la primera campeona olímpica estadounidense desde 2002, marcando el regreso de su país a la cima del patinaje individual femenino.
El título olímpico llegó un año después de haber ganado el Campeonato Mundial de 2025, donde obtuvo el primer oro para Estados Unidos en 19 años en esta disciplina. Ese resultado confirmó que su retorno no era simbólico, sino competitivo.
Nacida el 8 de agosto de 2005 en Clovis, California, e hija de un inmigrante chino, Liu irrumpió en la élite como una promesa precoz. En 2019, con apenas 13 años, se convirtió en la campeona nacional femenina más joven en la historia de Estados Unidos tras ejecutar dos triples axels en su programa libre. Repitió el campeonato en 2020 y comenzó a integrar saltos cuádruples en sus rutinas, consolidando una reputación basada en la dificultad técnica y una interpretación expresiva.
Sin embargo, el ascenso acelerado también implicó exigencias físicas y mediáticas. Tras enfrentar los efectos del crecimiento, el contexto de la pandemia y la presión pública, en 2022, a los 16 años, anunció su retiro, luego de quedar fuera del equipo olímpico que compitió en Beijing.
Durante su pausa se alejó de la competencia formal, cursó estudios universitarios y exploró intereses como el diseño de moda. También volvió a patinar sin objetivos competitivos, una etapa que, según ha explicado, le permitió replantear su relación con el deporte.

Su regreso estuvo acompañado de un discurso abierto sobre salud mental y la importancia de la terapia en su proceso de reconstrucción personal. Más allá de los resultados, Liu se ha posicionado como una figura cultural dentro y fuera del hielo. Su imagen —desde su característico peinado hasta accesorios poco convencionales en el circuito—, así como su participación en el diseño de su vestuario y su actividad en redes sociales, han reforzado una identidad ligada a la autoexpresión.


