La Feria Internacional de Turismo (FITUR) no es una excursión con viáticos europeos ni un paseo institucional para la foto: es uno de los escaparates más relevantes del mundo para medir la seriedad con la que un destino se presenta ante el mercado global. Madrid concentra decisores, operadores, inversionistas y tendencias. Ir —bien y con objetivos claros— es una inversión. No ir, una torpeza.
Por eso, conviene decirlo sin rodeos: la presencia de autoridades del ámbito turístico del Ayuntamiento de la capital potosina y del Gobierno del Estado es pertinente y defendible. Son quienes tienen la encomienda de vender el destino, cerrar agendas, promover rutas, atraer eventos y traducir discurso en resultados. FITUR exige perfiles técnicos, agenda afinada y metas medibles. Hasta ahí, todo en orden.
El problema comienza cuando el viaje se convierte en romería.
La delegación creció y, con ella, la pregunta inevitable: ¿qué hacen en FITUR funcionarios cuyas funciones son ajenas a la promoción turística? La presencia del secretario general de Gobierno, J. Guadalupe Torres Sánchez, no solo resulta difícil de justificar; exige una explicación pública. Trascendió que viajó acompañado de un séquito de al menos 12 personas, todas con cargo al erario. Doce. No es una cifra menor ni un detalle administrativo: es una señal de dispendio e irresponsabilidad financiera. FITUR no es mesa de gobernabilidad interna ni foro de operación política doméstica. Si había objetivos concretos, convenios específicos o resultados tangibles vinculados a su cartera, la ciudadanía merece conocerlos.
La misma duda recae sobre el síndico municipal, Víctor Hugo Salgado. Sus atribuciones son claras y necesarias, pero no turísticas. En un contexto de austeridad discursiva y exigencia ciudadana, la presencia de perfiles jurídicos en ferias internacionales del ramo se vuelve, cuando menos, cuestionable.
Y mientras esto ocurre, una parte de la cobertura mediática —esa que suele aplaudir antes de preguntar— decidió mirar hacia otro lado. En lugar de explicar qué fue a hacer San Luis Potosí a FITUR, qué se promovió, con quién se habla y qué se logra, optan por grillar la presencia del alcalde Enrique Galindo. Una crítica selectiva que revela más simpatías que criterios periodísticos. Si de escrutinio se trata, que sea parejo; si de fiscalizar el gasto público, que no se elijan villanos por consigna.
La discusión de fondo no es si se viaja o no. Es cómo, para qué y con quién. FITUR no debe convertirse en pasarela de cargos ni en premio de lealtades. Cada asiento en el avión pagado con recursos públicos debe responder a un objetivo verificable. Todo lo demás es turismo político: caro, opaco y perfectamente evitable.


