En la última oleada de exposición mediática del secretario general de Gobierno de San Luis Potosí, J. Guadalupe Torres Sánchez, hay un mensaje más claro que cualquier boletín: quiere estar en el cuadro. Y no solo en el cuadro local, sino en el nacional. La pregunta no es si puede, sino por qué elige hacerlo desde plataformas y escenarios que poco tienen que ver con la tarea que, en teoría, le toca: la política interna, la negociación y la contención de conflictos.
El primer síntoma fue el “perfil biográfico” en SDP Noticias: un texto tipo “¿quién es…?” que funciona como tarjeta de presentación y, sobre todo, como blindaje narrativo. El género es útil cuando el personaje se vuelve noticia por hechos verificables; aquí, en cambio, el eje es el personaje mismo. La nota ordena su historia, lo coloca como pieza clave y reduce el espacio para el contraste. Es el formato ideal para posicionar reputación: no discute resultados, construye identidad.
Sin embargo, el artículo omite señalar su participación en la «Ecuación Corrupta«, aquel escándalo legislativo en donde con otros diputados, hoy además cercanos a él y al proyecto gallardista, prometían limpiar las cuentas de presidentes municipales, a cambio de un moche.
Después vino Madrid. En FITUR 2026, Torres Sánchez no fue un actor secundario: inauguró el stand de San Luis Potosí “en representación del gobernador”. Eso es perfectamente posible en términos protocolarios; lo que es discutible es el sentido político-administrativo. FITUR es una feria turística. La Secretaría General de Gobierno es, por definición, el área encargada de gobernabilidad interna. Y aun así, el secretario encabezó el corte de listón en un evento que corresponde naturalmente al aparato turístico y económico del estado.
El contraste es todavía más evidente si se mira la propia descripción oficial del cargo: “lidera mesas de diálogo para desactivar conflictos sociales… garantizando así la gobernabilidad”. Es decir: negociación, control político, atención a sectores en tensión. No promoción de destino en el Gran Pabellón de México.
La tercera pieza cerró el triángulo: la entrevista en “Por la mañana” (Telefórmula/Radio Fórmula) desde Madrid, en plena narrativa FITUR. Hay, incluso, un detalle que volvió la escena involuntariamente reveladora: en fragmentos que circularon en redes, la dinámica pareció más bien una “exhibida” elegante. Ciro Gómez Leyva, con ese estilo de preguntar “sin preguntar” (el bisturí envuelto en cortesía), dejó flotando la duda de por qué estaba el secretario de Gobierno en esa silla y no la secretaria de Turismo. La reacción fue casi instantánea: Torres se apresuró a introducir que la secretaria estaba ahí, a cuadro o a un paso de cuadro, como quien saca credencial para evitar multa. En redes, el momento se celebró con la lectura obvia: “casi casi lo regresa”.
Hasta aquí, el patrón es nítido: perfil biográfico de alcance nacional, vitrina internacional, entrevista en plataforma nacional y una narrativa de “representación” que, en la práctica, desplaza a quien naturalmente debería capitalizar el evento (Turismo). Y no es un detalle menor: cuando un funcionario empieza a ocupar espacios que no son de su competencia natural, no está “ayudando”; está ampliando marca personal con cargo público.
El cuarto elemento es el más contemporáneo y el más útil para lectura política: la intensificación en redes sociales. El secretario ha redoblado presencia digital, multiplicando apariciones, videos, fotos, recorridos y mensajes con estética de “cercanía” y “resultados”. Es la gramática típica del que no quiere ser solo funcionario, sino opción. Y si uno cruza esa estrategia con el calendario, el subtexto asoma solo: 2027. En México, nadie acelera tanto la autopromoción si no está midiendo el tráfico electoral.
En términos periodísticos, la discusión no es moralista; es de congruencia institucional y de rendición de cuentas. Si el secretario general de Gobierno está dedicando energía a construir perfil y ocupar foros turísticos internacionales, la pregunta es incómoda pero legítima: ¿está resolviendo la agenda de gobernabilidad con la misma intensidad con la que está resolviendo su visibilidad?


