Lo que fue presentado como un logro de infraestructura y una respuesta al caótico tránsito en el oriente de la capital potosina, hoy es motivo de preocupación e indignación ciudadana. El puente vehicular ubicado en la intersección de Calle 71 y el anillo periférico oriente, inaugurado el 12 de abril de 2024 como parte de un ambicioso proyecto de modernización del Periférico con una inversión superior a los 400 millones de pesos, sufrió un derrumbe que exhibe deficiencias estructurales de fondo.
Apenas trece meses después de su apertura, la tarde del martes 13 de mayo, vecinos de la zona reportaron desprendimientos de concreto en los muros laterales y el colapso del material compactado en el interior del puente, generando un socavón de grandes dimensiones. A través de redes sociales y medios de comunicación, habitantes denunciaron fisuras visibles y fragmentación de las escamas de concreto, lo que aumentó la presión para una explicación técnica y una solución inmediata.
El episodio revive la memoria de otros desastres similares en la ciudad, como el colapso del puente de Pozos en 2004, donde también fallaron los sistemas de tensión y contención. En este nuevo caso, la caída de las escamas y el desprendimiento del relleno evidencian errores en diseño, supervisión o ejecución, o, muy probablemente, en todos a la vez.
Este incidente pone bajo escrutinio la calidad de la obra pública reciente y refuerza la exigencia de la ciudadanía por procesos de construcción transparentes, fiscalización efectiva y rendición de cuentas. Porque cuando una inversión millonaria termina en escombros en poco más de un año, la pregunta no es si falló el puente: es quién falló en construirlo.


