La llegada de enero provocó una fuerte caída en las ventas del comercio establecido en el Centro Histórico, un descenso que, de acuerdo con comerciantes, no se había registrado con esta magnitud en al menos dos décadas. Aunque el flujo de visitantes se mantiene por el atractivo de las plazas remodeladas y el interés de personas que acuden a tomarse fotografías, ese tránsito no se ha traducido en consumo.
Gerardo Bernal Cabello, comerciante con más de 25 años de actividad en el primer cuadro de la ciudad, señaló que desde el 1 de enero las ventas se redujeron de forma drástica, con una contracción cercana al 50 por ciento en comparación con otros periodos. Afirmó que, pese a los discursos oficiales sobre una supuesta mejoría económica, en la realidad se percibe temor a gastar o, simplemente, falta de ingresos entre la población.
El comportamiento del consumidor, explicó, ya mostraba señales de debilidad desde el cierre del año pasado. Durante diciembre, las compras estuvieron limitadas por la escasa liquidez de las familias, lo que se reflejaba en clientes que comparaban precios, hacían cuentas y, finalmente, desistían de adquirir productos.
A este escenario se sumaron factores externos que agravaron la situación del comercio, como el cierre de calles por la grabación de una telenovela y las restricciones a la circulación vehicular en diversas vialidades, lo que redujo aún más el acceso a los negocios. El comerciante también cuestionó la falta de una estrategia clara de promoción para el Centro Histórico y recordó que algunas propuestas oficiales para incentivar la afluencia, como la colocación de medallones promocionales en las calles, quedaron prácticamente abandonadas.
Actualmente, señaló, solo algunos giros mantienen cierto movimiento, entre ellos farmacias, tiendas de abarrotes con productos básicos y establecimientos de comida rápida. En contraste, la mayoría de los comercios registra ventas mínimas.


