«La cultura no es un adorno, no es un lujo de domingos, es una necesidad de todos los días, y los creadores no pueden comer de puros aplausos institucionales».
Carlos Monsiváis.
El reciente encuentro en el Centro de las Artes, convocado por el alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos, dejó un sabor agridulce -o complejo dirían algunos- en la comunidad artística de San Luis Potosí. Por un lado, celebrar y entregar estímulos a más de 600 creadores escénicos, visuales, de música, danza, teatro y cine inscritos en el Catálogo de Artistas Potosinos (CAPO) es un acto de justicia laboral y visibilidad que debe reconocerse y por supuesto, ahora que se inició, mantenerse. Sin embargo, cuando los reflectores del 5º. Festival San Luis en Primavera 2026 se apagan, surgen las preguntas incómodas y legítimas: ¿Qué pasa con el talento local los 365 días restantes del año?
Del elitismo a las promesas de continuidad. La inquietud de los creadores no es gratuita. Aún está fresco el espejo del último Festival de Letras, un evento que la propia comunidad sintió marcadamente elitista al concentrar sus recursos en figuras nacionales e internacionales, marginando a los escritores locales a participaciones casi nulas —con la honrosa excepción de dos autoras invitadas y los dos ganadores de los premios de literatura 2025—. Aquellas actividades se encerraron en instituciones educativas privadas, desaprovechando la oportunidad de llevar la literatura a las colonias, barrios y centros comunitarios.
Hoy, el panorama del Festival San Luis en Primavera abre interrogantes similares. Llama la atención que este tipo de reconocimientos masivos no se hubieran implementado con tal fervor en ediciones anteriores. Resulta previsible que, ante la coyuntura política actual, surjan lecturas entre líneas que pinchen la narrativa oficial, cuestionando si este repentino cobijo a la comunidad artística responde a una política pública de largo aliento o si se cruza con las legítimas aspiraciones de cara al escenario estatal.
Durante el evento, Galindo Ceballos hizo un llamado abierto a los artistas a «no dejar morir» este festival, recordando que fue un proyecto encomendado hace cinco años, en su primer mandato, al entrañable y fallecido promotor cultural Daniel De la Llera. El mensaje de continuidad, ahora bajo la batuta de Martín Juárez Córdova como director de cultura municipal, incluyó la propuesta de expandir el festival hacia el interior del estado; una visión expansiva que, por su propia naturaleza, inevitablemente adquiere un cariz de proyección territorial de alta relevancia.

¿Consejo ciudadano o apéndice gubernamental? Por otro lado, para corresponsabilizar a la sociedad en el blindaje del festival, el alcalde apeló a la «defensa ciudadana» y puso sobre la mesa al Consejo Ciudadano de Cultura Municipal, que hoy transita por su tercera generación de integrantes. No obstante, en diversos sectores de la comunidad cultural persiste un histórico escepticismo que tiende a percibir a estos órganos como meros apéndices de las decisiones de la administración en turno.
Como integrante de este Consejo Ciudadano que operará el ciclo 2025-2027, soy plenamente consciente de las dudas que genera nuestra labor y de la urgencia de asumir un ejercicio continuo de autocrítica sobre cómo estamos trabajando internamente. Si este órgano realmente aspira a consolidar su movilidad y credibilidad, debe trascender el rol decorativo y afianzarse como un auténtico espacio de interlocución ciudadana que evalúe, proponga y dé seguimiento a los proyectos y presupuestos generados desde la Dirección de Cultura o el Cabildo. Para abonar a la claridad sobre lo que se está construyendo y hacia dónde vamos, reflexionaré nuestras funciones reales y alcances en la columna de la próxima semana. Mientras tanto, el desafío de ganar la confianza del gremio sigue abierto.
La sombra del estado: El riesgo de la precarización como nunca antes. Mirar al municipio obliga, por contraste, a observar el complejo panorama estatal. La Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado a cargo de Mario García Valdez por encomienda de Ricardo Gallardo Cardona, ha enfrentado severas críticas por descuidar la actividad artística local, concentrando presupuestos masivos en los entornos de la Feria Nacional Potosina (FENAPO) para traer producciones comerciales de gran factura. El resultado para el sector local es complejo: creadores contratados por el Estado en diversas actividades que a menudo deben sortear procesos de pago tardadísimos que asfixian su economía.
Es justo reconocer que en la Dirección de Cultura Municipal no se percibe de manera tan severa ese desfase en los pagos; un acierto administrativo que da certidumbre. Sin embargo, el fondo del problema persiste en ambas esferas: las comunidades creadoras no pueden ser vistas solo como el componente local para legitimar grandes ventanas festivaleras y luego quedar en el olvido. La precarización de la comunidad artística potosina es seria, grave y delicada. Resulta un contrasentido priorizar presupuestos extraordinarios para talentos externos mientras a los creadores de casa se les destinan espacios mínimos o temporales.
Y por todo lo anterior, necesario hacerse tres preguntas clave.
Si la intención de la administración municipal es consolidar este festival como un legado institucional duradero, la gestión actual en el tiempo que le resta y con claras miras a buscar la extensión rumbo un proyecto estatal en 2027, tiene la oportunidad de responder lo siguiente:
- ¿Bajo qué criterios y mecanismos transparentes se garantizará la programación de los artistas locales de aquí a la edición del 6º. Festival San Luis en Primavera? ¿O todo quedará en lo que presentaron en dicho festival?
- ¿Existe un plan exacto de descentralización para que los integrantes del CAPO se integren de manera permanente como talleristas y creadores en barrios, colonias y centros comunitarios durante todo el año? ¿Cuál es y cuándo se daría a conocer?
- ¿Cómo se garantizará la autonomía y el peso vinculante del Consejo Ciudadano de Cultura para asegurar que el presupuesto cultural trascienda los tiempos y colores políticos?

El derecho a la cultura y a la inclusión no puede ser una política de temporada. Si el Festival San Luis en Primavera ha de pertenecer verdaderamente a los artistas y a los potosinos, el verdadero reconocimiento debe traducirse en un presupuesto continuo, reglas de selección claras y una visión que dignifique al gremio los 365 días del año. Los aplausos y los diplomas abren la conversación; la congruencia institucional y la justicia laboral son las que consolidan y darán sentido justamente a lo que se pretende pueda y llegué a ser, el legado.
Hasta la próxima.



