El fallecimiento de Jesús Murillo Karam cierra un capítulo particularmente controvertido de la vida pública reciente en México. Murió a los 78 años tras complicaciones derivadas de un derrame cerebral, mientras se encontraba bajo prisión domiciliaria por su implicación en el caso Ayotzinapa.
Exgobernador de Hidalgo y figura histórica del Partido Revolucionario Institucional, Murillo Karam tuvo una trayectoria política de alto perfil que incluyó su paso como procurador general durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Su carrera, sin embargo, quedó marcada por su papel en la investigación de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos.
El caso, ocurrido el 27 de septiembre de 2014, derivó en la construcción de la llamada “verdad histórica”, una versión oficial ampliamente cuestionada por organismos nacionales e internacionales. Años después, la Fiscalía General de la República lo detuvo en 2022 por delitos como desaparición forzada, tortura y obstrucción de la justicia, lo que derivó en su proceso penal.
Su muerte ocurre sin que se haya emitido una sentencia definitiva en uno de los expedientes más sensibles para el Estado mexicano. El impacto político y simbólico es inmediato: deja pendientes judiciales abiertos y reaviva el debate sobre verdad, justicia y responsabilidad institucional en el caso Ayotzinapa.


