Un monitoreo de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) reveló que la zona metropolitana registra contaminación atmosférica hasta en el 90% de los días del año. Los análisis del investigador Rogelio Flores Ramírez detallan la presencia constante de partículas PM2.5, PM10 y ozono, derivados principalmente de las emisiones industriales, ladrilleras, basureros clandestinos y el crecimiento del parque vehicular. Esta condición representa un factor de riesgo permanente que exige respuestas institucionales urgentes para la población.
Ante este panorama, la Dirección de Servicios de Salud del Estado reconoció que la polución ambiental influye directamente en el incremento de consultas por enfermedades respiratorias. Elizabeth Dávila Chávez, titular del área, explicó que, aunque los centros médicos carecen de un registro estadístico para clasificar los padecimientos por causas estrictamente ambientales, la coincidencia entre la mala calidad del aire y las infecciones atendidas es una realidad latente en el sector público.
La funcionaria aclaró que la mayoría de los casos reportados corresponden a vías respiratorias altas, como faringitis o rinitis, lo que evita cuadros de mayor gravedad. Asimismo, descartó que la polución urbana cause directamente patologías complejas como el asma o el EPOC; este último guarda un vínculo directo con el tabaquismo pasivo y la inhalación prolongada de humo de leña en viviendas, requiriendo una exposición sostenida y no ocasional para su desarrollo.
Para mitigar los riesgos, las autoridades sanitarias recomiendan limitar la exposición en exteriores durante las horas con mayor suspensión de polvo, usar cubrebocas ante síntomas gripales y mantener una hidratación óptima. Dávila Chávez enfatizó que respirar por la nariz permite que las mucosas actúen como una barrera natural para retener las partículas nocivas, sumando a estas medidas hábitos básicos como el lavado de manos para reducir la carga infecciosa general.



