En un despliegue de contradicciones que ya es sello distintivo del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), su dirigente nacional, Karen Castrejón Trujillo, intentó este martes navegar entre dos aguas irreconciliables: el respaldo a la agenda antinepotismo de la presidenta Claudia Sheinbaum y el descarado impulso a la herencia política en el estado de San Luis Potosí.
Entrevistada sobre las iniciativas federales que buscan prohibir la sucesión de cargos públicos entre familiares, Castrejón Trujillo no dudó en colgarse de la narrativa oficialista. «Estamos totalmente a favor de lo que ha planteado la presidenta. El nepotismo es una práctica que debe revisarse en todos los niveles de gobierno y que no se debe permitir para el 2030», afirmó con una solemnidad que rayó en la ironía.
Sin embargo, la realidad local de su partido cuenta una historia muy distinta. Mientras a nivel nacional el PVEM se dice «aliado» de la ética política, en San Luis Potosí la estrategia parece ser la construcción de una monarquía moderna.
La excepción: Ruth González Silva
Al ser cuestionada sobre la situación en la entidad potosina, el tono de Castrejón cambió de la institucionalidad a la defensa de los intereses de grupo. A pesar de su supuesto rechazo al nepotismo, la dirigente validó las aspiraciones de la senadora Ruth González Silva —esposa del actual gobernador Ricardo Gallardo Cardona— para suceder a su marido en la gubernatura en 2027.
Bajo el argumento de que el Partido Verde es la «fuerza mayoritaria» en el estado, Castrejón dejó claro que la alianza con Morena y el PT podría romperse si no se respeta la imposición de González Silva.
«Hoy los números indican que el Verde es el que está fuerte en San Luis Potosí… vamos preparados para ir solos si es necesario», sentenció la dirigente.
La postura de Castrejón Trujillo evidencia una profunda falta de congruencia. Por un lado, apoya leyes que limitan el poder familiar para quedar bien con el Ejecutivo Federal, pero por el otro, protege y promueve el caso más emblemático de nepotismo electoral en el centro del país.
Para el PVEM, parece que el «combate al nepotismo» es una bandera útil para el discurso, pero un estorbo para sus ambiciones territoriales. Al imponer a la esposa del gobernador como candidata, el partido no solo desafía la línea marcada por la presidenta Sheinbaum, sino que subestima la memoria de un electorado que empieza a cansarse de los apellidos que se heredan el poder como si fuera un patrimonio privado.


