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El ocaso del espacio público: El Parque Tangamanga se transforma en un «negocio redondo»

De parque público a negocio exclusivo. Familias potosinas denuncian cobros excesivos por el uso de espacios y critican al "Dino Oasis" por sus altos precios y restricciones.

Lo que históricamente representó el pulmón verde y el refugio gratuito de las familias potosinas, hoy atraviesa una metamorfosis alarmante hacia la mercantilización. Bajo una fachada de modernización, el Parque Tangamanga se ha convertido en un centro de recaudación donde la supuesta gratuidad se desvanece ante una estructura de cobros que excluye a los sectores más vulnerables de la población.

La simulación del libre acceso

La indignación ciudadana ha escalado en redes sociales y espacios públicos. La queja es unánime: en el Tangamanga, respirar parece ser lo único que queda libre de impuestos. Los usuarios reportan que actividades cotidianas y recreativas ahora están sujetas a tarifas que muchos consideran arbitrarias:

  • Eventos y reuniones: El uso de toldos o la instalación de inflables para convivencias familiares conlleva un pago previo.
  • Deporte condicionado: Equipos locales de futbol han denunciado cobros solo por el derecho a jugar en las canchas.
  • Fotografía y descanso: Una sesión fotográfica puede alcanzar los $2,000 MXN, mientras que el alquiler de hamacas y bicicletas oscila entre los $200 y $300 MXN.
  • Áreas de convivencia: El uso de palapas para carne asada o espacios comunes promedia entre los $350 y $500 MXN.

La joya de la corona de esta nueva administración, el “DinoOasis”, ha resultado ser el punto máximo de fricción. Anunciado como una atracción de vanguardia, el proyecto es señalado como un «fiasco caro». Con boletos de $300 para adultos y $200 para niños, una familia promedio requiere de al menos mil pesos solo para cruzar el umbral.

La crítica no se limita al precio, sino a las políticas restrictivas que obligan al consumo interno:

  1. Prohibición de insumos: Se impide el ingreso de agua y alimentos, forzando a los visitantes a comprar productos a sobreprecio dentro del recinto.
  2. Mantenimiento superficial: Testigos aseguran que la «renovación» consistió mayoritariamente en pintura fresca sobre estructuras viejas, sin mejoras sustanciales que justifiquen el costo de entrada.

«Todo es negocio. Una salida familiar que antes era accesible ahora puede costar hasta $3,000 pesos si pretendes usar las atracciones», lamentan usuarios inconformes.

Aunque los trabajadores del parque atribuyen estos cobros a lineamientos directos del Gobierno del Estado bajo la bandera del «mantenimiento», la realidad social dicta otra sentencia. El Parque Tangamanga está dejando de ser un patrimonio de todos para convertirse en un esquema de recaudación selectiva.

La actual gestión ha priorizado la estética y el lucro por encima de la función social del parque. Si el derecho al ocio y al deporte queda supeditado a la capacidad de pago, San Luis Potosí no solo está perdiendo un parque gratuito; está perdiendo su espacio público más emblemático en manos de una administración que ve ciudadanos como clientes.

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